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Evaluación entre pares, el siguiente paso para las universidades
La educación actual está presentando cambios contundentes, no al estilo de Star Wars, pero sí está atravesando una renovación estructural sin precedentes. Esto, sin duda alguna exige a las instituciones y en especial, a los docentes el uso de nuevos métodos, metodologías y herramientas que les permita valorar la adquisición de competencias por parte de los alumnos. Competencias… Otra palabra que se utiliza por estos días y que tiene el spotlight sobre ella, tanto en el mundo laboral como educativo. Y es que fortalecerlas es parte de la labor fundamental de las universidades, para crear profesionales que cumplan con las exigencias de la industria digital. El enfoque metodológico que los docentes utilicen, debe fomentar la adquisición de habilidades para el aprendizaje autónomo y permanente, a partir de un trabajo colaborativo, que al mismo tiempo facilite que el estudiante se convierta en el protagonista de su proceso de enseñanza y aprendizaje. Aunque, si nos detenemos por un minuto a pensarlo, las competencias han estado ahí siempre, desde que estábamos en el kinder garden y aprendimos a resolver problemas tan básicos, como cuánto es 1+1. Es por esto que no debemos y podemos hablar de modo independiente del proceso de enseñanza – aprendizaje, el desarrollo de competencias para el futuro y la calificación de las mismas, fuera de la evaluación de esos conocimientos generales, que desde siempre se han considerado importantes para el desarrollo académico y profesional del alumno. El objetivo es simple, por un lado pretende asegurar la mejora de esas competencias por parte del alumno, por el otro, conseguir una implicación mayor de estos personajes en su proceso educativo. Con este paso, sin duda comenzaremos a afianzar criterio, creatividad, colaboración y participación, cualidades necesarias para el nuevo contexto. Con esto, también hago un llamado especial a los docentes, para que se conviertan en guías, en evaluadores, no de esos que colocan números o letras, sino de aquellos que crean esquemas útiles que permiten al alumno reconocer y superar situaciones reales, en contextos concretos. Claramente, llega el momento en que como comunidades académicas nos preguntamos que si a la hora de discernir el alumno será capaz de transferir los conocimientos y competencias, adquiridas durante su formación universitaria, a otro contexto bien diferente e imprevisible, como lo es el contexto laboral. Y es que esta es la queja de muchos de los alumnos, así como del sector laboral, actualmente.  Según datos entregados por Semana, el 61% de la comunidad educativa internacional considera que las universidades a nivel mundial no capacitan de forma pertinente a los alumnos para encarar su futura vida profesional. El problema es la falta de oportunidad para que apliquen el conocimiento teórico adquirido al terreno laboral. De igual forma, indica que el 75% de la comunidad educativa está insatisfecha con la situación de la enseñanza en sus respectivos países. En el caso de América Latina, las cifras son todavía menos alentadoras: sólo un 11% se muestra conforme con el estado de la educación en sus correspondientes estados. A nivel mundial, sólo el 33% considera que la educación ha mejorado con respecto a la década pasada (en Latinoamérica, un 41%), y un escaso 12% cree que su sistema educativo es innovador. Los expertos hablan de que la falta de innovación incide directamente en la disminución de la calidad. En ese sentido, ¿Qué hacer como universidades? ¿Cómo y en dónde encontrar métodos innovadores que nos permitan mejorar desde el núcleo, es decir, desde las aulas? La evaluación entre pares es una opción visionaria que, a largo plazo, podría traer ventajas significativas.
“La coevaluación o evaluación de pares es un proceso a través del cual los estudiantes y los profesores participan en la evaluación del trabajo de los estudiantes. Investigadores han encontrado que este tipo de evaluación profundiza la comprensión de los estudiantes de su propio aprendizaje y permite que se involucren de manera más activa y autodirigida en su proceso de aprendizaje.” -Falchikov, 2005; Sivan, 2000.
Ahora bien, esto genera dudas naturales en todo proceso nuevo. Por ejemplo, usted podría pensar ¿No es la evaluación una función del profesor? ¿No carecen los estudiantes de los conocimientos o la experiencia para llevar a cabo la tarea? ¿No es un excusa para liberar al profesor de su tarea? Con certeza puedo decirle que no. Con la explosión de la información disponible, el papel del profesor está evolucionando hacia una asociación con los estudiantes para ayudarlos a aprender cómo evaluar críticamente su propio aprendizaje y su pensamiento. La coevaluación es útil para planificar su propio aprendizaje, identificar sus propias fortalezas y debilidades, identificar áreas que requieren mejora, así como desarrollar habilidades personales transferibles a otras áreas. En el documento
Catálogo de rúbricas para la evaluación del aprendizaje, encontramos la siguiente tabla en la cual se enumeran 10 ventajas que aporta este método de evaluación: 10 ventajas del uso de las rúbricas en el proceso educativo
  1. Son una poderosa herramienta para el docente, pues le permite evaluar de una manera más objetiva, debido a que los criterios de medición están explícitos y son conocidos de antemano por todos. No se los puede cambiar de manera arbitraria y con ellos se hace la medición a todos los casos sobre los cuales se ofrezca emitir juicios.
  2. Promueven expectativas sanas de aprendizaje en los estudiantes pues clarifican cuáles son los objetivos del maestro respecto a un determinado tema o aspecto y de qué manera pueden alcanzarlos los estudiantes.
  3. Permiten al maestro describir, cualitativamente, los distintos niveles de logro que el estudiante debe alcanzar.
  4. Permiten que el estudiante evalúe y haga una revisión final a sus trabajos, antes de entregarlos al profesor.
  5. Indican con claridad al estudiante las áreas en las que tiene falencias o deficiencias y con esta información, planear con el maestro las correcciones a aplicar.
  6. Proveen al maestro información de retorno sobre la efectividad del proceso de enseñanza que está utilizando.
  7. Proporcionan a los estudiantes retroalimentación sobre sus fortalezas y debilidades en las áreas que deben mejorar.
  8. Reducen al mínimo la subjetividad en la evaluación.
  9. Promueven la responsabilidad.
  10. Proporcionan criterios específicos para medir y documentar el progreso del estudiante.
En conclusión, la participación de los alumnos en su evaluación tiene ventajas de tipo intelectual porque supone más capacidad crítica y de autonomía, de tipo afectivo ya que los motiva y responsabiliza de su proceso y de tipo profesional pues ha dado muy buenos resultados en el desarrollo de destrezas, especialmente, para este nuevo contexto laboral. Recuerde que el proceso de cambio que vive la educación superior demanda también nuevos procesos de evaluación. La evaluación entre pares es una herramienta poderosa y con alto valor que le permitirá gestionar el avance del aprendizaje, fortalecer el trabajo en equipo y producir un cambio sostenible en la práctica educativa. Es momento de convertir a sus alumnos en protagonistas, es momento de apostar a la calidad, a otro tipo de procesos que lleven a su universidad un paso más allá y en ese camino, desde mi experiencia como embajador de la universidad digital, seguiré compartiendo con usted los mejores recursos para una transformación verdadera, así que hasta una próxima entrada.

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Aprendizaje social en un mundo 2.0, ¿observar para aprender?
Aprendizaje. Puede que a simple vista parezca un término plano, pero este concepto ha evolucionado de maneras inimaginables a lo largo del tiempo. ¿A qué nos referimos cuando hablamos de aprender? ¿Cuál es su naturaleza? ¿Por qué relacionarlo con tecnología y con un matiz de tipo social? Póngase cómodo y acompáñeme a escudriñar un poco de historia, otro poco de teoría y algo de filosofía en esta entrada. Durante milenios, el entorno familiar y socio-cultural fue el escenario perfecto para el aprendizaje. Los niños y jóvenes aprendían la lengua, las tradiciones, los mitos y los valores que sus padres, abuelos y líderes les enseñaban. Claro, con el transcurrir del tiempo y la transformación de las sociedades, los procesos educativos fueron objeto de atención y se comenzaron a crear instituciones dedicadas a la formación de las nuevas generaciones. Las universidades y posteriormente los colegios hicieron su entrada triunfal, aunque si nos detenemos a pensarlo por un minuto, la educación siempre se ha dado como un proceso de incorporación social, resultado de la interacción y de las relaciones que establecemos con otros a lo largo de nuestra vida. Es por esta razón que existe lo que conocemos como aprendizaje social, lo aplicamos cada día de manera inconsciente y como universidad debemos tomar partido sobre lo que es en realidad, además del alcance e impacto que puede llegar a tener sobre nuestros estudiantes. Aprendizaje social, aprendizaje en red Básicamente el aprendizaje social es aquel aprendizaje que se realiza por observación e imitación, es eso que aprendemos de otros, bien sea a través de una conversación en un café o mediante la observación del modo en el que otras personas, con un mayor grado de experiencia, realizan una tarea. Incluso, sin importar si tiene un compañero, con menos conocimientos que los suyos, juntos podrán construir y producir un aprendizaje de mayor calidad, contrario a si usted decide hacerlo por su cuenta. Ejemplo claro de ello eran las actividades realizadas en la Edad Media, heredadas de padres a hijos. Desde muy pequeño el niño vio la manera en que su padre cultivaba y cuidaba del ganado, pero no fue hasta que él cultivó, que en realidad aprendió cómo se hacía. En la actualidad, sin ir más lejos, funciona de la misma manera, aunque, con el auge de las nuevas tecnologías, debemos admitir que es al contrario: son nuestros hijos, nietos o sobrinos quienes nos enseñan a modificar la hora en nuestros smartphones, ingresar a Google desde una computadora con sistema operativo MAC o crear nuestras listas de reproducción en Spotify. Sucede en la vida real todo el tiempo y también en el entorno virtual. La web 2.0 nos ofrece cantidades increíbles de conocimiento para observar e imitar, y nos entrega la posibilidad de cooperar para crearlo y reproducirlo. ¿Conoce a Julioprofe? Si no, lo invito a que pase por su canal. Con 1.871.266 suscriptores y más de 300 millones de reproducciones, ha alcanzado una popularidad sin precedentes. Su éxito enseñando matemáticas y física es tal, que este maestro colombiano se ha convertido en toda una estrella, con fuerte presencia en galas y alfombras rojas de la industria. Su caso es ejemplo de las oportunidades que el aprendizaje social tiene para entregarnos como universidades. ¿Por qué no convertir a sus docentes en rockstars del mundo digital? ¿Por qué no intentar con otro tipo de metodologías que podrían garantizar el éxito entre la nueva generación estudiantil? Gracias al poder de las TIC, el aprendizaje social se ha trasladado al entorno virtual. Las características de este nuevo canal ofrecen un sinfín de posibilidades tales como la inmediatez y la posibilidad de acceder a cualquier contenido, desde cualquier parte del mundo y usando nuestro dispositivo electrónico predilecto. Y usted se preguntará si esto es formación y mi respuesta es un sí rotundo. Las redes sociales, los blogs, las comunidades académicas e incluso los wikis son las herramientas, resultantes del entorno 2.0 que facilitan acciones como debatir, generar conversación y ampliar conocimiento, elementos nuevos que se incorporan a los procesos formativos, gracias a la red social. Volvemos al punto en donde nos cuestionamos si es información de calidad, pero ahí es en donde nuestros maestros, los superhéroes curadores, ganan relevancia y entran como las figuras capaces de categorizar y proponer los criterios que garanticen un aprendizaje real y de calidad. Tenemos un contexto claro y debemos ser nosotros, las instituciones de Educación Superior, quienes pongan a las mejores figuras para enseñar a disposición de los estudiantes. Cabe aclarar que el profesor deja de ser una figura de autoridad, para convertirse en una que se pone al mismo nivel del alumno y su papel se convierte en el de un guía que, más allá de transmitir conocimiento para ser replicado, enseña a poner en práctica conocimientos que, en muchos casos, están al alcance de todos. El aprendizaje social es un modelo que potencia el pensamiento crítico y creativo, que desarrolla competencias claves que permitirán a los alumnos hacer frente a las exigencias de este entorno tan cambiante y dinámico. Ellos dejan de ser simples oyentes para convertirse en protagonistas de su proceso de formación, uno interactivo y multidireccional.
El aprendizaje es bidireccional: nosotros aprendemos del entorno, y el entorno aprende y se modifica gracias a nuestras acciones. -Albert Bandura
Los alumnos tienen ahora la oportunidad de aprender a aprender gracias a entornos interactivos, colaborativos, en donde pueden poner en práctica de forma instantánea el conocimiento que adquieran. Los días en que se pensaba en los estudiantes, sentados en sus sillas y atendiendo a un tablero, como cajas vacías esperando a ser llenadas, han quedado atrás. De hecho, existen bases spico-pedagógicas que sustentan el aprendizaje social. El psicólogo canadiense, Albert Bandura, formuló la teoría del aprendizaje por observación, a partir de una serie de fases en donde la recompensa es primordial para el aprendiz. La aprobación ayuda a reforzar las conductas, por tanto, el estudiante se esforzará por hacer aquello que siente que le ayudará a ganarla. De allí que el aprendizaje social resulte tan natural y altamente estimulante. Incluso, en el mundo tecnológico y en red actual, los educadores deberían considerar las obras de pensadores como George Siemens, quien asegura en su teoría del conectivismo que el aprendizaje ya no es visto como una actividad individual, sino como un proceso en donde la conexión y la diversidad de opiniones son clave. Existen, además, modelos como el llamado
70:20:10”, desarrollado por el Center for Creative Leadership, el cual sostiene que el 70% del aprendizaje dentro del ámbito laboral ocurre en el puesto de trabajo, el 20% de las interacciones con otras personas y solamente el 10% es producto de la educación formal y de los programas de capacitación. En ese sentido, la web 4.0 ha servido para conectar toda la información existente en la red. A diferencia de la web 1.0, en la que básicamente nos limitábamos a consumir contenido; la web 2.0, en donde surgió la red social y comenzamos a intercambiar información o la web 3.0 en donde el diferencial es la manera en que accedemos a la información, esta se centra en ofrecer un comportamiento más inteligente y predictivo. Ahora, vale la pena preguntarse ¿por qué en este ecosistema los MOOC están incorporando elementos de sociabilización y aprendizaje colaborativo dentro de sus cursos? como foros, chats y videochats, que funcionan como espacios personalizados ideales para promover la discusión y el intercambio, por qué los LMS permiten agregar características sociales o integrar elementos de gamificación o ¿por qué las herramientas que no fueron creadas, específicamente con fines educativos, como Facebook, Twitter o Skype, sirven como espacios para generar aprendizaje social? El aprendizaje continuo va a ser fundamental. Todo se olvida muy rápido. Parte del conocimiento lo tiene un amigo, parte lo tengo yo y así conformamos una red. Así es como aprenden los estudiantes de hoy. Van con su celular y toman una fotografía. Yo tomaba apuntes en un cuadernillo. El aprendizaje social se da en la casa, en el colegio y en el trabajo y entre mayor sea su calidad, más garantizará la creación de alianzas a favor del conocimiento. A eso me refiero cuando hablo de Socialversity, de una universidad conformada por 6 mil millones de personas, construyendo y generando oportunidades. Entender lo que quieren los estudiantes, de sus necesidades. De eso se trata la transformación digital.

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Competencias digitales, la llave de paso a la industria 4.0
En un mundo cambiante, en permanente evolución, inmerso en lo que muchos llaman la “Cuarta Revolución Digital”, la industria necesita profesionales capacitados, no solo en oficios técnicos o tecnológicos, sino más bien en una serie de competencias. Estas competencias, duras y blandas, son la puerta de entrada de millennials y centennials al nuevo mercado laboral y somos las universidades, en gran parte, las que nos tenemos que responsabilizar para entregarlas y formar profesionales competentes. Debo admitir que estoy volviéndome más maduro y todo avanza con tal rapidez que no deja de sorprenderme. No hemos dejado de hablar y tratar de entender a la generación Y, cuando ya nos toca enfrentarnos a las necesidades de la llamada generación Z. ¿La razón? Son ellos los que están entrando a nuestras universidades, retándonos a encontrar maneras de renovarnos. Ellos, a diferencia nuestra, son esclavos de la inmediatez, de filtrar, de las redes sociales, de los dispositivos móviles y por si fuera poco, su capacidad de concentración es de increíbles 8 segundos… ¿Cómo llenar las expectativas de un chico de 17 años en 8 segundos? Sin duda, este es un gran reto para las universidades y para los docentes que diariamente son su guía en las aulas. Y no es para menos pues estos jóvenes son los protagonistas de dos generaciones, la cara de la revolución digital y representan a 4.400 millones de personas en el mundo. Es más, ¿sabía que para el 2020 sumarán la fuerza demográfica más trascendente del planeta (59% para ser preciso)? En este contexto hay que ser honestos. Las generaciones mayores nos sorprendemos por lo poco que nuestros hijos, nietos o sobrinos conocen sobre los oficios que para nosotros eran y son tan comunes, pero ellos también se sorprenden ante nuestra pequeña habilidad para manejar los dispositivos, las aplicaciones y en general, el Internet. Para muchos de nosotros es aún muy fácil realizar una operación de memoria, enviar correspondencia y esperar por ella hasta meses, ir a un restaurante para almorzar o pedir un taxi vía telefónica. Para ellos, no lo es tanto. En su lugar, prefieren utilizar apps para hacer pagos y domicilios en línea y en general, resolver nimiedades de la vida cotidiana, de manera rápida y sencilla. Con esto no pretendo insinuar que las instituciones de educación superior deben enseñar a sus alumnos a cortar el césped o cambiar un neumático, más bien, me refiero a la importancia de potenciar competencias básicas que les permitan desenvolverse fácilmente en el mundo laboral. Navegando como es habitual, encontré un interesante análisis hecho por RocaSalvatella, en el que se detectaron las 8 competencias digitales clave para cualquier líder empresarial. En mi opinión, estas no solo son competencias que debiera manejar un CEO, sino cualquier profesional involucrado en la nueva industria laboral. La primera de ellas es el conocimiento digital y en la que, básicamente, el joven debe entender el entorno digital y todas las oportunidades que este puede generar. La gran ventaja es que las nuevas generaciones ya vienen con esta competencia en su chip, así que no será problema involucrarlas. La segunda de ellas es la gestión de la información. Es aquí en donde nuestros docentes curadores, los nuevos superhéroes, tendrán que ayudarle a sus estudiantes a desarrollar la habilidad de encontrar, organizar y compartir información de valor en el contexto digital. Esta, sin duda será una habilidad que marcará la diferencia. En tercer lugar tenemos la comunicación digital, importante para relacionarse con herramientas y entornos digitales. Existen marcas que ni siquiera tienen redes sociales o las tienen, pero no muestran interés en comunicarse con su audiencia. Por eso es importante un profesional que sepa hacerlo, porque más temprano que tarde, todos estaremos hablando en el idioma digital. Considero que el trabajo en red, como cuarta competencia, es una de las más relevantes. Hemos hablado sobre la Socialversity, la teoría del conectivismo y todas las maneras en que las redes son importantes para promover la colaboración y cooperación para aprender. Otra de las más importantes es el aprendizaje continuo y del cual hablo en mi blog anterior: Formación por competencias, el primer paso para el aprendizaje social. No podemos detenernos, si queremos tener profesionales competentes, debemos enseñarles a fortalecer sus habilidades, a comprender que no todo se aprende en 5 años de universidad y que deben ser lo suficientemente autónomos para utilizar los recursos digitales a favor de su propio aprendizaje y crecimiento. En el sexto lugar tenemos la visión estratégica y es aquí en donde enseñamos a nuestros futuros líderes y emprendedores a conducir a sus empresas al éxito, cambiando la forma de actuar de los mercados y utilizando todos los recursos digitales que estén a su alcance. Esta tiene estrecha relación con el liderazgo en red, producto de ser personas innovadoras, que asumen riesgos y apuestan por las nuevas tecnologías. La octava y última competencia es la orientación al cliente. Muchos creen que la tecnología nos hace menos humanos, cuando sucede todo lo contrario. Debemos enseñar a nuestros alumnos a relacionarse, de manera que puedan entender, interactuar y dar solución a las necesidades del entorno que los rodea, importante en esta industria cada vez más exigente y en la que el consumidor es cada vez más crítico. Competencias para ser social-digital, el gran reto para la educación Tenemos universidades con más de 15 años de trayectoria, que han superado los cambios que han surgido en este tiempo y de una u otra manera se han adaptado a las demandas sociales. Encontraron la forma de hacer más accesible la información, de democratizar el conocimiento si así quiere decirse, a través de las aulas virtuales. Millennials y los centennials han llegado para darle un giro al sector educativo y en esa transición es fundamental encontrar un balance y enseñar a esta nueva generación de alumnos, no desde las asignaturas, sino desde las competencias. Si ya le estamos dando la oportunidad a las tecnologías y a las metodologías novedosas, ¿por qué no dársela al aprendizaje social por competencias? Nos enfrentamos a un reto enorme, porque además de pensar en las TIC como aliadas para facilitar el aprendizaje, existe un debate latente sobre cómo su uso está cambiando la forma de pensar y actuar de estos jóvenes. Además, está el evidente hecho de que algunos modelos aún utilizados no están articulados con lo que las empresas necesitan, con lo que la sociedad necesita, con lo que el mundo necesita. En ese orden de ideas, debemos sensibilizar a nuestros maestros y también capacitarlos, pues son el núcleo desde el cual se genera este aprendizaje. Además, las universidades deberán comprender los comportamientos y características de las nuevas generaciones, especialmente, de los centennials, así como articularse con las necesidades de las empresas de hoy, del mañana. Hace unos días, mientras leía un reporte elaborado por la empresa de capital humano PayScale Human Capital, encontré un par de datos que llamaron mi atención. En primer lugar, existe una gran brecha en la manera en que los empleadores perciben las capacidades aprendidas en el universidad y la realidad del mundo laboral.
El estudio mostró que si bien el 87% de los estudiantes recién graduados se siente en capacidad de competir en el mercado laboral, solo el 50% de los empleadores considera que tienen todas las herramientas para hacerlo.
En segundo lugar, aunque las habilidades blandas tradicionales incluyen liderazgo y colaboración, y los millennials tienden a sobresalir o, por lo menos, saben que deben, hay otras habilidades que son discutidas y esenciales para la futura fuerza de trabajo, como las digitales mencionadas anteriormente. En ese sentido, las universidades deben encontrar las maneras de potenciar estas habilidades, pensando en que estas generaciones son multiculturales, 100% talentosas con las tecnologías, inclinadas a la innovación y con un gran sentido social. Estamos formando a las generaciones que liderarán el desarrollo económico, cultural, digital y social de nuestro país, del continente, del mundo, por eso debemos formarlos en competencias para que sean unos rockstar en nuevas tecnologías, pero también como seres sociales que contribuyen con el conocimiento. ¡Piénselo! Nunca es tarde y siempre podemos tomar como ventaja su relación amigable con la tecnología para transformar el mundo, la educación como la conocemos.

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Formación por competencias, el primer paso para el aprendizaje social
Sobre competencias se ha dicho mucho hasta ahora, incluso tengo un par de entradas en las que toco el tema, aunque esta vez me gustaría que las viéramos desde otro ángulo. Si bien, una competencia es algo así como la posibilidad de hacer bien las cosas en un determinado contexto, teniendo en cuenta conocimientos, actitudes y habilidades, como universidades, docentes y comunidades académicas, ¿qué contenidos podríamos enseñar a nuestros alumnos para ayudarles a desarrollarlas? Sin duda es difícil enseñarles sobre todos y cada uno de los temas que maneja cada disciplina. ¿Se imaginan? Esta persona tendría que ser algo así como una enciclopedia digital o un Google andante, y ni siquiera Google tiene respuesta a algunas preguntas. Por eso es tan importante para los docentes ponerse la capa y con sus súper poderes de selección, análisis y sentido crítico escoger los mejores temas, esos que estén acordes con el desarrollo de las competencias necesarias para el ejercicio de la profesión. Seguro usted como docente, si está leyendo esto se preguntará: Si no puedo enseñarlo todo, ¿qué debo enseñar? Manuel Antonio Unigarro, director de programas de la Universidad Cooperativa de Colombia, tiene una posición interesante al respecto. En su libro un modelo educativo crítico con enfoque de competencias y que podrá encontrar en mi Comparto, explica de qué se trata. Lo que sí es un hecho, es que es momento de dejar de juzgar o calificar las capacidades con números, ¿a qué me refiero con esto? Al final del día, el alumno que se graduó con un promedio de 3.6, recibirá el mismo diploma que aquel que lo hizo con 4.8 y, para sorpresa de todos, puede que ese que recibió su título con las menores notas, sea el que mejor llegue a desempeñarse en el campo laboral. Son casos de la vida real y no se trata de quién maneje bien o no tan bien los conceptos teóricos, sino quien sepa construir en la práctica con ellos. Además de imponer métricas que desmotivan a nuestros alumnos y suponen niveles de frustración, y por tanto de deserción altos, deberá encontrar la manera de innovar en el aula para ofrecer a la nueva generación de alumnos las competencias clave para desempeñarse con agilidad en la nueva industria tecnológica. La gamificación se está abriendo campo y ha facilitado esta labor, premiando y manteniendo la motivación en las aulas. (Para leer después: El poder de la gamificación para transformar la Educación Superior). El aprendizaje a lo largo de la vida es una de las competencias más valiosas, en ese caso. El alumno tendrá la seguridad de que aprendió y aprenderá cosas de usted como docente, pero que no aprendió todo lo que va a necesitar, pues solo son 4 o 5 años de carrera. Para eso, deberá recurrir al mar de información disponible en otros medios y es por esa razón que lo primero que debemos hacer como universidades y mi invitación para los docentes es enseñar a aprender, así estos chicos podrán continuar su proceso de aprendizaje, incluso cuando usted ya no esté.

Es allí en donde herramientas como los MOOC, las plataformas LMS, la educación continuada, entre otros, cobrarán relevancia y le ayudarán a generar valor al promover procesos de aprendizaje continuo y de calidad.

Ahora, regresando al tema de las competencias y el por qué mi intención era abordarlas desde un ángulo diferente, pongo sobre la mesa la siguiente reflexión: aunque debemos pensar en aprendizaje social y lo que el término significa, también tenemos que pensar en un aprendizaje, no sólo desde lo que nosotros extraemos del entorno en el que nos movemos, sino también desde aquello que nosotros como partícipes de ese contexto podemos entregar. Más que ser un aprendizaje de tipo personal, es un aprendizaje que responda a los retos de las sociedades, de aquellos a quienes sus profesionales van a servir. En ese sentido, los temas son importantes, los contenidos son fundamentales, las disciplinas esenciales y la investigación crucial, pero también lo es la educación que da respuestas a las necesidades del mundo, de la industria, de la sociedad, y eso solo se logra a partir de las competencias. Tenga en cuenta que al trabajar el enfoque por competencias, no podrá seguir enseñando de la misma manera. La sincronicidad del aprendizaje social bajo los lineamientos del conectivismo, del modelo de curación de conocimiento con sus superhéroes curadores, del apetito insaciable de las nuevas generaciones por información y conocimiento para aprender socialmente, todo esto enmarcado en un contexto soportado por herramientas digitales de colaboración, nos llevan a lo que he denominado la Universidad Social o Socialversity, y es el paso que deberá perseguir. En la mayoría de universidades aún enseñamos a nuestros alumnos de la manera tradicional, es decir de forma deductiva. Les entregamos las bases teóricas para luego desarrollar la práctica. ¿Y qué hay de malo con eso? Las competencias se fortalecen de manera inductiva, pues es a partir de la reflexión en la práctica que se va construyendo la teoría. Esta es una manera 100% natural de aprender y que puede introducir a través de metodologías como el aprendizaje colaborativo o el Aprendizaje Basado en Proyectos. Si no está del todo familiarizado con este término, en esta infografía encontrará su definición y seis ventajas concretas de implementarlo. No es un secreto que venimos de una escuela tradicional, de un modelo educativo unidireccional, en donde los mayores transmitíamos a las generaciones más jóvenes los conocimientos acerca del mundo. Pero, ¿qué creen? Google nos desplazó. Cuando teníamos preguntas como: “¿De dónde salen los bebés? O ¿Cuáles son las fracciones equivalentes?”, nuestros padres se ponían en la penosa y habilidosa situación de explicarnos. Con los jóvenes de hoy sucede todo lo contrario. Gracias a los alcances del Internet, parece que saben de todo un poco, siendo nosotros ahora quienes debemos preguntarles cómo abrir un correo electrónico o descargar música. Por lo anterior, deben ser los docentes los mejor capacitados, deben ser quienes desarrollen las competencias primero para poder enseñarlas. En la mayoría de casos, no se sienten listos, pero es necesario prepararse, aventurarse. Los estudiantes aprenden de nosotros, todo el tiempo, pero también es momento de que nosotros comencemos a escucharlos y a aprender de ellos. Hacer comunidades de práctica, evaluación por pares, eso sería estupendo para hacer un acompañamiento, retroalimentación y alternativa para ir entrando a esta dinámica. ¡Digamos sí a la innovación! Sabemos que es complejo, a nivel económico, curricular, organizacional… pero no podremos cualificar a nuestros profesionales si como universidades no hacemos más que una transformación de los contenidos, una transformación digital real que sirvan a nuestros alumnos para su desarrollo personal, profesional y social, que sin duda den respuesta a las necesidades del país, de la industria, del mundo 4.0. En la Universidad Social, todos tenemos la capacidad de ser aprendices, curadores, tutores y expertos. Es decir, todos tenemos la oportunidad de aprender, de curar conocimiento para beneficio de otros, de guiarlos en su proceso de aprendizaje como tutores y de convertirnos, con la práctica, en expertos que pueden evidenciar y demostrar su conocimiento al aplicarlo en diferentes contextos. Por lo tanto, si la función de la universidad es la docencia, la investigación y la extensión, podemos decir que en la era digital somos más de 7.000 millones de universidades, una oportunidad única para el crecimiento y desarrollo social. Y usted, ¿se atreve a formar parte?

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