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Curadores de conocimiento, los nuevos superhéroes
La curación de contenidos es, sin lugar a dudas, uno de los términos más populares y utilizados entre los internautas actualmente. Unos lo entienden como una profesión o especialización, otros como un hobbie, pero lo que muchos no ven es que estas figuras se están convirtiendo en superhéroes para la era digital. ¿Superhéroes? Seguro está pensando que es un poco deliberado de mi parte definirlos de esta manera, sin embargo; según Steve Rosenbaum, autor del libro Curation Nation: How to Win in a World Where Consumers are Creators, merecen el título porque resuelven, en su perspectiva, el gran problema al que se enfrentan las personas ante el bombardeo de información disponible en la web: la imposibilidad de filtrar, y yo no podría estar más de acuerdo. Antes de profundizar en el tema quisiera entregar, como es costumbre, un pequeño contexto y para ello debemos comenzar por lo básico preguntándonos: «¿qué es la curación de contenidos?» De manera intuitiva, podría decir que hace referencia a la actividad de seleccionar y difundir contenido, lo cual suena bastante sencillo, pero en realidad requiere de una serie de habilidades, necesidades y procesos a los que solo unos pocos pueden responder de manera adecuada. Un curador de contenidos es alguien que encuentra, organiza, presenta y comparte información valiosa, de muchas formas, sobre un tema especifico, de manera que proporciona al lector su visión sobre el tema. Lo mejor es que no se detiene ahí, busca siempre generar debate o un intercambio de ideas entre sus seguidores que, por cierto, son tantos como para llenar un estadio en un concierto de rock. Además, debemos tener en cuenta que el contexto actual ha generado, tal como lo aseguran los content curators en su libro, una necesidad y una oportunidad: la existencia de sistemas especializados y de personas especialistas en filtrar y difundir contenidos digitales. Además, tal y como lo denominan estos expertos en su libro, sin la existencia de la internet social, de los social media y las redes sociales,  no estaríamos ahora hablando de content curation, pues fue gracias al surgimiento del 2.0 que internet se plagó de contenidos en diferentes formatos, consumibles desde cualquier plataforma. En ese sentido aparece un segundo interrogante: ¿qué convierte al curador de contenido en un eslabón tan importante dentro del ecosistema digital? Son muchas las razones por las que es necesaria la existencia de esta nueva “profesión” digital. Los blogs están en su punto máximo de popularidad, YouTube es una gran fuente de información y generación de contenido, gracias a los millennials y centennials que se han aventurado a crear, y ni hablar de Facebook, Pinterest y Twitter. Son innumerables las fuentes de información, así como la carga existente en internet aunque, al final del día, mucha de esa información es la misma, no hay innovación. Ponerse manos a la obra en cuestión de curación implica ciertas pautas. Aunque gestionar contenido cuesta, no es tan difícil como crearlo desde ceros. De partida, como lo afirma el periodista chileno Ricardo Moreno, “no es necesario saber escribir —nos quitamos un gran peso de encima. Aquí no hay que crear nada”, se requiere ser proactivo, crítico al momento de filtrar, empático y tener un espíritu curioso para encontrar la información y las herramientas para gestionar indicadas. En mi caso particular, la curación de contenidos es una de las actividades que más disfruto, a la cual dedico tiempo y en la que soy demasiado meticuloso. Me preocupo por compartir contenido de valor con ustedes, mis lectores y pares, principalmente, a través de mi sitio web. Con esto, quiero llegar a un punto importante: Más allá de ver lo difícil o fácil que es hacerlo, esta dinámica representa un reto para los profesores y para las universidades, pero al mismo tiempo una oportunidad enorme. A nuestras aulas están ingresando las nuevas generaciones, jóvenes hambrientos de conocimiento, que desean marcar la diferencia y hacer cosas memorables. El impacto de la era digital ha generado en todos ellos nuevas formas de entender la vida. Son críticos y prácticos, por tanto filtran más la información que consumen, no comen entero y enfocan sus pensamientos y esfuerzos en lo que realmente les interesa. Son más impacientes, competitivos y tecnológicos que sus antecesores y buscan que la formación que reciben tenga utilidad real en su futuro laboral, todo ello dado al contexto de globalización y de revolución digital en la que se están desarrollando.  Es claro que los modelos actuales no se ajustan a sus demandas, y pocos de ellos están articulados con lo que las empresas exigen, lo cual también es motivo de preocupación para el mercado laboral. Entonces, ¿desde las universidades qué medidas tomar? Los docentes serán figuras clave en el proceso de digitalización de los contenidos. Deben convertirse en guías y generadores de conocimiento. Para los estudiantes de la nueva era ya no basta una figura distante que lee un libro y hace apuntes en un tablero. Los docentes deben ser un trampolín a un futuro de posibilidades, en lugar de unos supervisores de exámenes. Se trata de entender la figura del profesor como un sabio, una persona experimentada en un área específica, capaz de transmitir información. Estos docentes, además, deben estar en capacitación constante. El mundo se mueve de una forma más veloz cada día, al igual que lo hacen generaciones como los centennials. En ese sentido, deben aprender de manera constante, estar a la vanguardia de lo que el mercado demanda y de las nuevas posibilidades tecnológicas enfocadas a las metodologías educativas para hacer de las experiencias en las aulas, tanto presenciales como virtuales, algo provechoso y valorable. Eso sí, aunque los profesores son parte importante, el cambio no está en sus manos en un 100%. Las universidades deben garantizar los recursos, la infraestructura y las condiciones para construir, entrenar, producir y operar el nuevo entorno digital, necesario para dar este paso. ¿Por qué es importante que sus docentes se conviertan en curadores? Además de convertirse en facilitadores del conocimiento, este proceso tendrá una serie de beneficios para las instituciones, entre ellos:
  • Mejor posicionamiento. Si el contenido es de calidad y tiene un diferencial es mucho más probable que se comparta entre la comunidad académica. Este movimiento hará que Google le de más relevancia a su sitio web y, como consecuencia, lo pondrá en los mejores resultados.
  • Buena reputación en línea. Si su comunidad académica percibe el valor de sus artículos y los considera útiles, es muy probable que lo tengan como una fuente principal de consulta. Añadir su propia perspectiva de contenidos le ayudará a consolidar conocimientos, al tiempo que formará una imagen más que positiva de su marca.
  • Podrá compartir información fresca y relevante a través de sus redes sociales, e-mails y newsletters. Si consigue hacerse un buen nombre entre la comunidad académica, podrá conseguir más y más prospectos con los que podrá llegar a formar una comunidad social para consolidar investigación, intercambiar conocimiento e interactuar de forma directa.
Además de esto la curación de contenidos puede ayudarle a enfrentar los siguientes desafíos: Sabemos que existe incertidumbre, tal vez temor y que gracias a eso muchos creen que la tecnología será un transformador temporal que luego traerá grandes desilusiones. Sin embargo, estamos a puertas de una verdadera transformación educativa, impulsada por la innovación, las tecnologías, los contenidos y las nuevas generaciones. Los curadores de conocimiento se están convirtiendo, poco a poco, en los nuevos guías a quienes las generaciones X, Y y Z confían su proceso de aprendizaje. Tome esto como una oportunidad para su institución. Si logra avanzar en el camino de la transformación digital podrán acceder a millones de personas y cumplir con su misión de mejorar el mundo a través del conocimiento.

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Aprendizaje 2.0 y recursos abiertos, la revolución de los contenidos
Siempre me he considerado un lector bastante curioso. Me gusta estar al tanto de las nuevas herramientas, encontrar soluciones a problemas cotidianos a través de la tecnología y, por qué no, saber de todo un poco. En este camino, en el que he venido forjando mi experiencia en el sector educativo, me he encontrado con una cantidad de información sorprendente, que gracias a la revolución de las TIC está al alcance de un clic. Mi primer contacto con los Recursos Educativos Abiertos se dio mientras desarrollaba un proyecto para una universidad. Queríamos llevarla hacia la transformación digital y para ello debíamos consolidar un proceso virtual, en el cual los contenidos cumplían un rol fundamental. Al ser testigo de los resultados, comprendí el alcance e impacto de poner el conocimiento a disposición de cualquier persona que estuviese frente a una pantalla. Entonces continué investigando y ahondando, encontré que las contraseñas ya no eran una limitante para acceder a la información y pasé largas horas buscando, comparando y consolidando mi percepción sobre los modelos de enseñanza y aprendizaje, de la mano de autores de talla mundial. Pero ahí no terminaba esta nueva ventana que había abierto: descubrí otra de las grandes ventajas de los REA, que se deriva de sus licencias libres que conceden derechos al usuario para modificar el contenido, combinarlo con otros y crear algo totalmente nuevo. El alcance es increíble y, como a mí, le ha entregado la oportunidad a millones… no, realmente son billones de personas, de convertirse en creadores y co-creadores de conocimiento. Antes de continuar con mi experiencia y las oportunidades de este tipo de recursos para las universidades y, en general, para la educación superior, me parece importante contextualizar su definición, origen y poder transformador. Ampliando la participación a través de los REA Los Recursos Educativos Abiertos, también conocidos como Open Educational Resources (OER), son materiales de apoyo educativo que se encuentran en el dominio público o que han sido publicados con una licencia de propiedad intelectual. El término fue acuñado hace diez años, durante el Foro Mundial de la Unesco, en el cual se trató la importancia de los cursos abiertos para la educación superior.  Fue tal su impacto que, en 2001, el Massachusetts Institute of Technology (MIT) anunció la publicación de casi todos sus cursos en Internet, accesibles a todo el público, marcando así la pauta para que otras instituciones, e incluso entidades como la Unesco, dieran el paso hacia un conocimiento democratizado y globalizado. Los recursos educativos de libre acceso proporcionan una oportunidad estratégica única para mejorar la calidad de la educación y, al tiempo, facilitar el intercambio de conocimientos y el aumento de las capacidades. Y digo esto porque si bien las instituciones están incorporando las TIC en sus programas de gestión, administración y educación, de forma progresiva, en muchos países en vía de desarrollo el acceso a los recursos técnicos y tecnológicos aún supone un desafío. Por eso es fundamental que las instituciones y, aún más, los docentes como figuras promotoras del cambio, adapten los enfoques pedagógicos y el material didáctico para aprovechar estas oportunidades y garantizar la calidad. Es un hecho que las TIC están aumentando la transferencia de información, especialmente gracias a la aparición en escena de millennials y centennials que se valen de la tecnología como recurso educativo. Mientras usted lee este artículo, se escribieron alrededor de 7.000 tweets, se subieron entre 700 y 800 fotos a Instagram, se hicieron más de 2.000 llamadas vía Skype y se googlearon unas 60.000 preguntas, ¿increíble, no? Además, no sólo hablamos de jóvenes. La participación de especialistas y de quienes no lo son tanto, está ampliando las fronteras del ámbito académico, dejando sobre la mesa múltiples oportunidades para crear y compartir una gama amplia de recursos que cumplen con las expectativas y necesidades de la nueva generación de estudiantes. La digitalización de la información, combinada con su difusión cada vez más generalizada, plantea importantes desafíos a las universidades. ¿Cuándo íbamos a imaginar que los libros saltarían de las bibliotecas y viajarían hasta una pantalla, o que podríamos consultar a autores, alrededor del globo, sin tener que esperar meses por un ansiado ejemplar? Tenemos que ajustar nuestras percepciones al contexto real, al ahora, a la revolución 4.0 en todo el sentido de la palabra. El aumento del acceso a REA ha promovido los modelos de estudio personalizado, lo cual, junto con herramientas 2.0 como las redes sociales, ha creado la oportunidad para innovar a nivel pedagógico e incorporar metodologías como el aprendizaje colaborativo. Para aprovecharlos, las instituciones deberán invertir en el diseño de programas o cursos y, claro, en el desarrollo de los materiales. Es un trabajo que toma tiempo, pero, si logra encontrarse una red aliada, se tendrá a disposición un repositorio de calidad, ahorrando la tarea de seleccionar y adaptar. Aquí me gustaría mencionar el impacto de soluciones como Ilumno, que con su misión de transformar universidades a través de tecnología e innovación, ha creado una red de alto impacto, con un repositorio de contenidos que supera los 60 mil, permitiendo a las comunidades académicas pertenecientes compartir sus materiales y enriquecer los planes de estudio, así como la experiencia de sus estudiantes. Ahora, todo este despliegue ha creado desafíos únicos para las universidades, especialmente para aquellas con recursos escasos. Según la Unesco, y comparto esta opinión, se ha vuelto cada vez más importante que las instituciones educativas apoyen, de forma planificada, el desarrollo y mejora de los planes de estudio, el diseño de programas y cursos alineados con las necesidades del mercado laboral del futuro, y el desarrollo de materiales de enseñanza y aprendizaje de calidad que, sin lugar a dudas, potencien competencias clave para los jóvenes de hoy. Los recursos abiertos pueden contribuir con todo este proceso, aunque no pueden transformar la calidad y eficiencia de las instituciones. Eso depende más de los procesos y metodologías internas que se establezcan para su aprovechamiento. En este sentido, ya son varias las instituciones líderes a nivel mundial que han fomentado el movimiento REA, con la intención de promover la igualdad. Adicionalmente, estas instituciones incrementan su reputación académica, atraen estudiantes y personal con talento, mejoran los materiales de aprendizaje y los resultados de la investigación, gracias al intercambio abierto. Entonces, ¿por qué le conviene a las instituciones adoptar este tipo de herramientas? Este es el potencial transformador de los REA:
  1. Representan una solución eficiente y sostenible, a largo plazo, para disminuir los costos provenientes de materiales de estudio. Un objetivo claro de los REA es proporcionar a las comunidades académicas una alternativa al valor de los libros de texto.
  2. Multiplican las oportunidades de innovar en el proceso de enseñanza – aprendizaje y habilitan una mejor adaptación y contextualización del material proporcionado a los estudiantes. Además, permiten atender las necesidades de poblaciones estudiantiles particulares.
  3. Aumentan la presencia y visibilidad de las instituciones ya que las licencias obligan a que, cada vez que estos recursos sean utilizados en otros contextos, los responsables citen y redireccionen al repositorio original.
  4. Involucran a las comunidades académicas en el proceso, de manera directa y activa. De esta manera, se podrán evaluar y entregar contenidos de calidad.
Estoy seguro de que para cada caso particular existen otra serie de beneficios, pero esta es más una invitación a crear una red, un tejido social a través del entorno digital, facilitador de intercambio y ampliador de conocimiento, que nos permita como universidades explotar el potencial real de toda la información existente, no solo en la red, sino en las bibliotecas y en las mentes de grandes pensadores y transformadores. La revolución de los contenidos digitales no termina con los recursos abiertos. De hecho, este es apenas el inicio, pues ahora se profundiza y transforma gracias al proceso de curación de contenidos que, a su vez, ofrece un sinfín de posibilidades para las universidades, gracias a la inteligencia artificial, aunque ese será tema de discusión para un próximo blog. Y usted, ¿utiliza o utilizaría este tipo de recursos?
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6 trabajos del futuro y competencias clave para alcanzarlos
Es un hecho, nos encontramos en medio de la cuarta Revolución Industrial, que más allá de estar condicionada por una economía industrializada y mecanizada, tiene a las nuevas tecnologías, el IoT y a la sociedad del conocimiento como protagonistas. A finales del siglo XVII fue la máquina de vapor, esta vez, serán los robots integrados a sistemas ciberfísicos los responsables de una transformación radical, y todo esto sin duda creará la tormenta perfecta para afectar a las industrias, transformar la educación como la conocemos y cambiar el mercado laboral por completo, por si fuera poco, a escala mundial. Lo que debemos tener claro es que las habilidades requeridas para las ocupaciones digitales cambiarán en la mayoría de industrias y, aunque no es tan fácil anticipar qué puestos serán el 'boom' en los próximos años, ya hay algunas pistas que nos permitirán preparar a la nueva generación de estudiantes para esos trabajos que todavía no existen. Ojeando algunos estudios, encontré este que en particular llamó mi atención. Allí, el Foro Económico Mundial indica que empleos relacionados con la ingeniería, la computación y los negocios estarán en el top para los años que vienen, mientras que los trabajos de oficina y las artes irán en declive. Este contexto, confortante para algunos y desalentador para otros, es lo que queda de la evidente transformación digital que estamos viviendo y, como educadores y promotores del cambio, debemos entender, planear y crear el escenario perfecto para la Holoversity, una universidad que esté a la par de los millennials y centennials, se sume a la ola digital, saque provecho a los contenidos existentes en la red, piense de manera social y contribuya con el fin del monopolio educativo. (Rueda de enlaces blog Andrés 2). Del hombre a la máquina El futuro del trabajo fue un tema clave en la reunión anual del Foro Económico Mundial y, como no, si una de las conclusiones más alarmantes es que para el 2020 se perderán 5 millones de empleos, pues la inteligencia artificial, la robótica, la nanotecnología y otros factores socioeconómicos, reemplazan la necesidad de trabajadores humanos. Sin embargo, y auqnue la automatización está ganando terreno, la fuerza de trabajo actual tiene la posibilidad de seguir desarrollando habilidades, exclusivamente humanas, que las máquinas aún no pueden igualar, como la innovación, la empatía, el liderazgo o la creatividad, competencias blandas que sí es posible potenciar en los jóvenes. (Rueda enlaces blog post 48). Como ya lo he señalado en entradas anteriores, no cabe duda del increíble potencial de los millennials, como una generación con una particular forma de desenvolverse, debido a sus evidentes destrezas digitales, además de su interés por la preparación para efectuar un cambio social. Aunque existe incertidumbre alrededor de la automatización y si las máquinas nos reemplazarán en un futuro, una cosa está clara: mientras estas se vuelven más penetrantes, también lo hacen las personas que enseñan e interactúan con ellas, pasando por Alan Turing, considerado uno de los padres de la ciencia de la computación; George Devol, creador del primer robot industrial o Joseph Engelberger, considerado "padre de la robótica". La buena noticia es que esos mismos avances tecnológicos crearán 2,1 millones de nuevos puestos de trabajo. El reto para las universidades entonces es encontrar la manera en que la nueva generación de estudiantes se convierta en egresados preparados para estas nuevas vacantes, e incluso, vayan un paso más allá. Debemos aprovechar su sed de conocimiento, su ambición, y convertirnos en facilitadores de herramientas para que estos jóvenes puedan ser transformadores reales. Un nuevo estudio del portal de búsqueda de empleo y orientación profesional en línea,  CareerCast, así como el informe Young Invincibles, indican que en el top 10 de los puestos de trabajo del futuro figuran ocupaciones relacionadas con las ciencias, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas. Entre ellas, se destacan la ingeniería nuclear, el desarrollo de software y las ciencias de la salud, el único sector de la industria que emplea un gran número de millennials. Después de una extensa búsqueda, hice una recopilación de las 6 carreras del futuro que podríamos incluir o potenciar en los currículos educativos, ocupaciones que en países como Estados Unidos vienen demostrando una proyección increíble y que, adaptadas al contexto latinoamericano, pueden ser una ganancia para las instituciones, los estudiantes y la industria. Ingenieros de software Perspectivas de crecimiento proyectado: 22% De acuerdo con la Oficina de Estadísticas Laborales, hay más de un millón de desarrolladores de software e ingenieros empleados en Estados Unidos. Además, se espera que para el 2022 se creen más de 200.000 puestos. Lo preocupante es que, para el caso colombiano, existe un déficit de profesionales en el campo, además, son pocas las universidades que se han aventurado con este programa.  Se estima que para el 2018 el país necesitará unos 93.000 desarrolladores de 'software', y el índice de empleabilidad será del 98%. Científicos de datos Perspectivas de crecimiento proyectado: 15% En 2012, Harvard Business Review calificó a la ciencia de datos como el “trabajo más sexy del siglo XXI”. No es de sorprender, pues se ha convertido en una industria lucrativa también gracias al surgimiento y crecimiento del big data. (Hacer rueda de enlaces con blog post sobre big data). Incluso, Burtch Works profundizó en el campo con un estudio hecho en 2014, en donde afirma que los científicos de datos son bastante jóvenes (excelentes noticias para los millennials y centennials) y tienen en promedio nueve años de experiencia. Rehabilitadores físicos y médicos geriatras Perspectivas de crecimiento proyectado: 36% Aunque mucha gente piensa que la formación en fisioterapia no tiene reconocimiento, es una carrera muy importante que gana terreno día a día dado que gracias a los avances de la medicina, vivimos más tiempo y en muchos países las personas mayores superan el número de niños y adolescentes. Administradores de medios sociales Perspectivas de crecimiento proyectado: 13% No es ningún secreto que los millennials están en las redes sociales y son unos 'cracks' manejándolas. Hay una variedad de oportunidades en este campo, comenzando por el área del mercadeo digital, que evidentemente mueve grandes cifras. Estadísticos Perspectivas de crecimiento proyectado: 27% El proceso de toma de decisiones empresariales, así como el crecimiento de las empresas, hace que este rol sea prominente para la industria. Para el 2020 más de estos profesionales serán requeridos. Ingenieros civiles Perspectivas de crecimiento proyectado: 20% Según CareerCast, la creciente necesidad de mejoras de infraestructura es un indicador de oportunidades importantes para los millennials interesados en esta carrera. Se espera que, en el transcurso de una década, se añadan 50.000 nuevas posiciones. Universidad digital para la nueva era David Deming, profesor asociado de educación y economía de la Universidad de Harvard, afirma que el lugar de trabajo moderno, donde las personas se mueven entre diferentes papeles y proyectos, se parece mucho a las aulas preescolares, donde aprendemos competencias sociales como la empatía y la cooperación, por lo tanto, habilidades blandas como compartir y negociar serán cruciales.  Sin embargo, la habilidad matemática y tecnológica también serán enormemente beneficiosas para prosperar en el mercado de trabajo del futuro. Este panorama evidencia la importancia de que las universidades se alineen con las necesidades de la industria, analicen las tendencias sociales, los cambios demográficos y las nuevas mentes que han nacido y crecido precisamente en medio de cambios.  Las universidades deben estar vigilantes y preparadas para responder con rapidez y excelencia al nuevo mercado de trabajo, con el fin de brindar más oportunidades a los profesionales que serán contratados por empresas que buscan perfiles adaptables, flexibles y multidisciplinarios. El reto es proponer una combinación que permita a los estudiantes desarrollar sus habilidades innatas en los temas tecnológicos, fortalecer sus habilidades matemáticas, y favorecer el desarrollo de habilidades blandas como el liderazgo y el emprendimiento, hacia las cuales los millennials y centennials tienen una inclinación natural. Un planteamiento abierto frente a los temas del futuro que supere la resistencia al cambio, el aseguramiento de la calidad en los programas educativos y el reconocimiento de la importancia de la gestión del conocimiento compartido, permitirán a las universidades potenciar la formación de quienes competirán por ocupar los puestos de trabajo el mercado laboral 4.0.

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¿Las nuevas generaciones están preparadas para asumir los retos del mercado laboral actual?
En este, un mundo cambiante, en permanente evolución e inmerso en lo que muchos llaman la “Cuarta Revolución Digital”, la industria necesita profesionales capacitados, más que en oficios técnicos o tecnológicos, en una serie de competencias blandas que involucran a la inteligencia emocional, claro, condicionadas por la educación impartida desde las universidades y el acceso de las nuevas generaciones a esta. Todo avanza con tal rapidez que no deja de sorprendernos, pues no hemos dejado de hablar de la generación Y, cuando ya debemos abordar la manera de llenar las expectativas e ir a la par de las necesidades de la generación Z. Y no es para menos porque estos jóvenes son los protagonistas de dos generaciones y la cara de la revolución digital. Los millennials (quienes hoy tienen entre 19 y 35 años) y los centennials (de cero a 18 años), representan a 4.400 millones de personas en el mundo y para el 2020 sumarán la fuerza demográfica más trascendente del planeta (59% para ser preciso). Estas generaciones se declaran “ciudadanos del mundo”, son tolerantes y tienen una capacidad increíble para emprender y tolerar. De hecho, a diferencia nuestra, ellos son una generación que no conoce barreras de tipo político, económico o religioso. Lo que los hace más increíbles aún, es su habilidad para manejar la tecnología y en las aulas son todos unos expertos en conocimiento estructurado. Sin embargo, hay que ser honestos. Las generaciones mayores nos sorprendemos por lo poco que conocen los millennials y centennials en materia de oficios que, para nosotros, eran cuestión del día a día a su edad. Estas generaciones, por ejemplo, no conciben su vida sin un dispositivo móvil y conexión a Internet, pues les entrega la posibilidad de recibir lo que desean, de manera casi inmediata y al alcance de un clic. De allí que muchos de ellos prefieran utilizar apps para hacer una operación, pagos y domicilios, diseñar un recorrido y, en general, resolver nimiedades de la vida cotidiana; cuando en realidad muchos de ellos no saben hacer reparaciones básicas del hogar, conducir vehículos de transmisión manual, cocinar o coser. Y con esto no pretendo insinuar que las instituciones de educación superior enseñen a sus alumnos a cortar el césped o cambiar un neumático, más bien, me refiero a la importancia de potenciar competencias básicas que les permitan desenvolverse fácilmente en el mundo laboral. El gran reto para la educación Tenemos universidades con más de 15 años de trayectoria, que han superado los cambios que en este tiempo han surgido y, de una u otra manera se han adaptado a las demandas sociales. Encontraron la manera de democratizar el acceso a educación superior a través de una oferta virtual, desde la cual entregan a los alumnos las competencias duras que deben manejar, de acuerdo con su ámbito de acción. Los millennials y los centennials han llegado para darle un giro al sector educativo, pero en esa transición resulta fundamental encontrar un balance y enseñar a esta nueva generación de alumnos, no desde las asignaturas, sino desde las competencias, tanto duras como socioemocionales, entregando al tiempo un acompañamiento y orientación vocacional, que debe comenzar en las escuelas y continuar en las instituciones de educación superior. Con todo, nos enfrentamos a un gran reto, ya que además de pensar en las TIC como aliadas para facilitar el aprendizaje, existe un debate latente sobre cómo el uso de esa tecnología está cambiando la forma de pensar y actuar de estos jóvenes, además del evidente hecho de que los modelos actuales no están articulados con lo que las empresas exigen, una vez que estos jóvenes se vinculan a mercado laboral. La fuerza laboral de hoy está conformada por varias generaciones, cada una con sus propias características, y a medida en que los baby boomers miran hacia el retiro, los millennials se abren camino. En ese sentido, las universidades deben comprender los comportamientos y características de las nuevas generaciones, especialmente, de los centennials, solo así lograrán prepararlos para la industria. Además, la academia deberá articularse con las necesidades que tienen las organizaciones de hoy. Nos hemos encontrado con que la oferta actual de capacitación no suple las necesidades de las empresas, quienes se encuentran en la búsqueda de profesionales enfocados al desarrollo de nuevas tecnologías, y con un alto grado de inteligencia emocional. Hace unos días, mientras leía un reporte elaborado por la empresa de capital humano PayScale Human Capital, encontré un par de datos que llamaron mi atención. En primer lugar, existe una gran brecha en la manera en que los empleadores perciben las capacidades aprendidas en el universidad y la realidad del mundo laboral. El estudio mostró que si bien el 87% de los estudiantes recién graduados se siente en capacidad de competir en el mercado laboral, solo el 50% de los empleadores considera que tienen todas las herramientas para hacerlo. En segundo lugar, aunque las habilidades blandas tradicionales incluyen liderazgo y colaboración, y los millennials tienden a sobresalir o, por lo menos, saben que deben, hay otras habilidades que son discutidas y esenciales para la futura fuerza de trabajo. El estudio indicó que las capacidades más buscadas por un gerente al momento de contratar son pensamiento analítico y solución de problemas (60%), atención al detalle (56%) y habilidades comunicativas (46%). En ese sentido, las universidades deben encontrar las maneras de potenciar estas habilidades, pensando en que:
  • Las nuevas generaciones son multiculturales. Lo que comenzó con la generación X, continuó con los millennials y, seguramente, será heredado a la generación Z. Su deseo por viajar y conocer el mundo los hace una generación culturalmente diversa, que está en la obligación de aprender uno o dos idiomas diferentes para relacionarse, en un entorno soco-cultural y laboral, con mayor facilidad. Además, esto les permitirá acceder a mayor y mejor conocimiento, teniendo en cuenta que gran parte la información de valor actual, proviene de fuentes en inglés.
  • Su talento es 100% tecnológico. Esta generación tiene grandes habilidades informáticas y digitales porque son nativos. Estos niños, adolescentes y jóvenes pasan más tiempo, que cualquier persona de mi generación, en un dispositivo móvil, razón por la cual las academias deberán estar preparadas y ser capaces de manejar los avances que la industria imponga.
  • Es necesario reforzar sus habilidades comunicativas. Si bien comunicarse es una competencia básica, cuanto más utilizan los dispositivos digitales, menos se propicia la interacción en un contexto físico. Antes, las citas eran en un café y las conversaciones podían extenderse durante horas. Estos jóvenes, sin duda se sienten más cómodos conversando a través del chat y, en consecuencia, ya no distinguen las señales visuales, difícilmente comprenden el lenguaje corporal de otros y sus interacciones son más concisas.
  • Son grandes emprendedores, estimulemos su creatividad y pensamiento innovador. Esta es una cualidad que la mayoría de empresas valoran hoy. Tiene que ver con la búsqueda de soluciones originales e innovadoras a distintas problemáticas. Esto permite modificar antiguos esquemas, que ya no responden a las necesidades de la compañía.
Apenas el comienzo Si los avances son significativos en la actualidad, en un futuro no muy lejano los millennials dominarán el mercado laboral. De acuerdo con Deloitte, en 2020 representarán el 75% de la 
fuerza laboral del planeta y, de acuerdo con la encuesta global de Telefónica 2014, se espera que para el 2025 sean los responsables del 74% de los puestos en América Latina, el Caribe y Estados Unidos. ¡Increíble! Aunque su capacidad de conectarse con la realidad y de interpretar los intereses de la sociedad es sobresaliente, no son la generación mejor preparada para resolver los retos que enfrenta la industria actual. Desde el ámbito de la educación superior, en donde se forma a las generaciones que liderarán el desarrollo de nuestro país, es necesario desarrollar este tipo de competencias. ¡Piénselo! Nunca es tarde y siempre podemos tomar como ventaja su relación amigable con la tecnología, para sacar el mejor provecho a estas herramientas, fortaleciendo sus conocimientos y haciéndolos profesionales preparados para transformar el mundo como lo conocemos.          

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