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Mis artículos

El poder del juego y el rol de la recompensa para motivar
Quisiera comenzar este blog de una manera distinta, qué tal con una retrospección... ¿Recuerda ese momento en el que estaba de pie, frente a un auditorio, estrechando la mano de un par de docentes y el rector, mientras todos lo miraban con orgullo al recibir su título universitario? Solo tengo una palabra para describirlo: ¡Glorioso! Creo que no existe momento más gratificante, después de 5 o quizá 9 años de esfuerzo, de experiencias, de noches en vela. Recuerdo cuando mi padre me decía que esa debía ser mi motivación más grande. Convertirme en un profesional que siguiera sus pasos y continuara con el legado que él construyó durante 35 años con tanta dedicación. Aunque este fuera un motivo de peso para mí, esperaba otro tipo de incentivos por parte de la universidad y eso es de lo que quiero hablar en esta oportunidad. Nuestros estudiantes también esperan por ese instante de gloria, pero debemos impulsarlos en el camino, entregarles las herramientas que faciliten su proceso de aprendizaje y, por qué no, ayudarles a dar esa milla extra. Si nos mantenemos en la inercia, esperando a que nuestros estudiantes lleguen a este día por su cuenta, seguramente nos quedaremos esperando. Los índices de deserción aún son una realidad y uno de las razones es la falta de motivación. Debemos impulsarlos para acceder al conocimiento, desarrollar sus habilidades, su capacidad crítica y generar vínculos con la institución, con sus docentes, con la comunidad que los rodea pues finalmente deberán ser profesionales que aprendan para ser sociales. ¿A qué me refiero con esto? En mi entrada: Formación por competencias, el primer paso para el aprendizaje social, se lo explico con detalle. Además de esto debemos ser más flexibles y eso lo comprendí hasta que me convertí en rector. ¿Flexibles con qué? Con los modelos educativos que implementamos, los que nuestros docentes utilizan en el aula, porque no es tarea exclusiva de ellos. Debemos ser capaces de adaptarnos a las necesidades de nuestros alumnos Centennials. En ese caso, busquemos las mejores alternativas. Miremos al vecino y tratemos de extraer lo mejor de ese mundo para extrapolarlo al nuestro. ¿Ha escuchado o sabe qué es la gamificación? A mi parecer es una técnica útil para conseguir mejores resultados de aprendizaje ya que desde mi experiencia puedo decir que no hay nada más motivador, estimulante, desafiante y beneficioso que el juego. Lo invito a leer mi entrada el poder de la gamificación para transformar la Educación Superior, si tiene la curiosidad de saber qué es, para qué sirve y qué herramientas son de utilidad. Si aún me sigue con esta idea, continuemos. En medio de mis búsquedas, como el curador de contenidos apasionado que soy o bueno, que me considero, encontré este dato. De acuerdo con Newzoo, el proveedor líder de inteligencia de mercado en materia de juegos, el año pasado la industria de juegos latinoamericana recaudó un poco más de 4 mil millones de pesos, posicionándola como la segunda región emergente a nivel global… ¡La segunda! Para este año se estima que la industria de juegos en dispositivos móviles genere más de 46 mil millones, lo que significa un 42% del mercado global si lo comparamos con computadores y consolas. A esto le daría dos interpretaciones muy interesantes: la primera de ellas es que, evidentemente, estamos jugando más. La segunda, los dispositivos móviles son el medio predilecto para hacerlo. En conclusión, ¡sí! Debemos incluir espacios más lúdicos en nuestras aulas, no precisamente como si tratáramos con niños, pero sí teniendo en cuenta que las nuevas generaciones son altamente receptivas ante este tipo de dinámicas. ¿Tiene hijos, nietos o sobrinos que pertenezcan a la generación Millennial o Centennial? Yo sí y aunque a mis hijos les encanta el deporte y aún soy uno de esos padres que promueve las salidas al parque los domingos, también encuentran entretenidos los videojuegos, las apps, y es una inclinación frente a la cual no podemos discutir. Como dirían coloquialmente, hace parte de su ADN. Sin duda existen debates, que no trataremos ahora, sobre el uso nocivo de las tecnologías, especialmente al momento de jugar, pero si las aplicamos con un propósito, un objetivo de aprendizaje claro, entonces podremos hacer la diferencia. El juego nos permite adquirir confianza, nos proporciona un fuerte sentimiento de satisfacción, de progreso, de superación y no existe dinámica que logre superar eso. Hace poco mis hijos se sumaron a la ola de Candy Crush, ese jueguito en el que uno tiene que alinear caramelos. Aunque muchos no le vimos sentido ni gracia, debo admitir que después de jugar un par de niveles comprendí que lo tiene. Para pasarlos se requiere agilidad mental, buena memoria y rapidez y así no la tenga, el juego le ayuda a desarrollarla. Al principio pensé que era ilógico que una app diseñada para el ocio tuviera tal alcance, pero noté el progreso. Incluso, expertos han hecho estudios y pruebas sobre su efectividad (5 beneficios de jugar Candy Crush que quizá no sabías). Todo esto para llegar a lo siguiente: ¡Imagínese! Si un “simple juego” puede desarrollar este tipo de habilidades, piense el impacto que tendría uno de tipo educativo. A través de él podríamos enseñar a nuestros alumnos y docentes buena parte de las habilidades que se requieren para la era digital, tales como la capacidad de resolver problemas complejos, comunicarse y trabajar en equipo. Incluso hay teorías que soportan el aprendizaje a través de la práctica y la experiencia. Está demostrado por diferentes estudios que con estímulos verbales (llámese clase tradicional o lección magistral) tenemos un 10% de tasa de recuerdo pasadas las 72 horas, es decir, que de todo lo que le decimos a nuestros alumnos en el aula, pasado un año, ya no se recuerda casi nada. Pero si a esos mismos alumnos les mostramos 2.500 imágenes, con una frecuencia de 10 segundos por imagen, la tasa de recuerdo después de 72 horas sería del 90%, y eso no es lo más sorprendente, al cabo de un año recordarían el 63% de las imágenes. Entonces, ¿por qué no darle la oportunidad a la gamificación? Estaríamos alineados con las necesidades de nuestros estudiantes, les ofreceríamos alternativas para desarrollar su proceso de aprendizaje y ayudaríamos a nuestros docentes a encontrar otras maneras de educar. Eso sí, para subirnos en este tren lo primero que debemos hacer es jugar, porque a “gamificar” se aprende “gamificando”. Interioricemos el conocimiento y exterioricémoslo de una manera más divertida. Así generaremos, esas positivas que les permitirá a nuestros estudiantes sentirse motivados, impulsados para llegar al glorioso día. Si lo hacemos bien, los llevaremos a varios días, pues se verán impulsados a no detenerse, a aprender todo el tiempo y es ahí en donde tenemos una oportunidad inigualable.

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Inteligencia artificial, el reto evolutivo de la educación superior
Seguramente el término inteligencia artificial le suena como algo propio de las películas futuristas, cuando en realidad el comercio, el turismo, las finanzas, la medicina y hasta la educación se han visto impactadas con sus dinámicas. En apenas 20 años han surgido cambios importantes en materia tecnológica y su efecto es tal que cada día se integra más a nuestra cotidianidad. Antes de entrar en profundidad, quiero que demos un paso atrás y que veamos a la inteligencia artificial desde un mapa más general, para después, comprender sus alcances. Me gustaría empezar encontrando la mejor definición. ¿Es la inteligencia artificial una habilidad? ¿Un programa? ¿Un sistema? La que más me gusta y vi en la conferencia de Federico Pascual es esta: La inteligencia artificial es la simulación de los procesos de la inteligencia humana, a través de sistemas informáticos. Esto hace que las computadoras puedan pensar, aprender y tomar decisiones. ¿Tomar decisiones? Tal como lo lee. Aunque no debe atemorizarse, pues su propósito no es otro más que el de complementar y potencializar nuestras actividades. Este dato me pareció muy interesante y es que de acuerdo con una encuesta que realizó Hubspot este año, el 63% de las personas no sabe que utiliza tecnologías de la inteligencia artificial. Seguro los jóvenes de la generación Millennial y Centennial nos miran diciendo: “¿Cómo es posible que no sepan esto?”, porque para ellos es algo muy natural. Los sistemas de GPS, los tres asistentes virtuales más conocidos del momento (Siri, Cortana y Google Now), Amazon, Netflix, Facebook, todas funcionan con inteligencia artificial. ¿Alguna vez se preguntó de dónde salían las sugerencias que estas apps le hacen en materia de contenidos? ¿Cómo saben lo que le gusta y lo que no? La IA es la respuesta. Incluso, es tal su evolución que expertos predicen que para el 2050 tendremos mascotas robóticas y los robots serán capaces de reconstruirse a sí mismos, sacando de la pantalla las escenas exclusivas de la ciencia ficción. Con decirle que son cada vez más los medios de comunicación que emplean inteligencia artificial para la generación de sus artículos… ¿Es este el futuro de la prensa? Puede ser. Periódicos como Los Ángeles Times y revistas como Forbes han utilizado robots capaces de escribir sobre temas actuales. En las pruebas se detectó que no hay diferencia notable entre la escritura de un reportero y la ejecutada por las máquinas. ¿Esto qué significa para nuestros programas de periodismo? Le dejo esta inquietud. Por otra parte, la inteligencia artificial también ha probado ser una feroz jugadora. En mi época, hablo de 1997, nos impresionamos cuando la famosa supercomputadora desarrollada por IBM, Deep Blue, venció al actual campeón de ajedrez a nivel mundial, Garry Kasparov; sin duda, un gran paso en la historia de la IA pues ¿quién se iba a imaginar que una máquina tuviera tal alcance? [caption id="attachment_3079" align="aligncenter" width="660"]Deep Blue vs. Kasparov Deep Blue vs. Kasparov. Fuente: Wired.[/caption] Otro de los hitos memorables ocurrió en 2011 cuando Watson, también desarrollado por IBM, apareció en el concurso de televisión estadounidense Jeopardy! y derrotó a algunos de los mejores concursantes. La verdad es que este sistema informático me dejó sorprendido. Investigando, también encontré que Wellpoint reunió a los mejores oncólogos del mundo para identificar diagnósticos de cáncer. Watson diagnosticó correctamente el 90%, mientras que los médicos sólo identificaron el 50%. Quisiera que le echara un vistazo a este video. ¿Qué sensación le deja? Siéntase en la libertad de contármelo en los comentarios. [embed]https://www.youtube.com/watch?v=8ukQ6cKd5Lc&feature=youtu.be[/embed] Ahora, a este punto quisiera dejar algo muy claro. La inteligencia artificial puede reemplazar tareas repetitivas, por supuesto, pero no hay manera de que reemplace a los humanos. Nuestro cerebro es la red más compleja que puede existir, por eso igualarla es casi imposible. Reflexionemos. Aunque Deep Blue ganó la partida de ajedrez, hay otro dato que pocos conocen. A la máquina también se le pidió jugar damas, pero no supo ni cómo empezar la partida. No pudo aprender sola, no pudo pensar como nosotros lo haríamos y es ahí en donde tenemos esta enorme oportunidad. Debemos desarrollar en nuestros docentes y estudiantes competencias digitales, tenemos que involucrarlos con la tecnología, facilitarles la capacidad de interactuar con las máquinas. Al igual que nosotros, los robots están aprendiendo a adaptarse. Ray Kurzweil, director de ingeniería de Google, hizo esta afirmación hace poco: "La tecnología no nos dejará sin trabajo" y creo que tiene razón. A lo largo de la historia muchos oficios se han transformado y esta situación nos deja otro cuestionamiento: ¿Cuántos de los trabajos que existían en 1900 se conservan hoy en día? La inteligencia artificial hace parte de nuestro día a día y está llegando a nuestros niveles, pero eso no significa que nos va a reemplazar. Si, este es un llamado a no preocuparnos, pero también a no dejarnos tomar ventaja por parte de las corporaciones y las start-up. Debemos estar alineados con sus necesidades, las de nuestros estudiantes, las de la sociedad, para formar profesionales competentes, preparados para salir al ruedo y no quedarse estancados a mitad de camino. Si utilizamos los datos que esta inteligencia genera sobre nuestros alumnos y sus actividades de aprendizaje, llegaremos a un concepto de campus cognitivo. Tal como sucede con la computación cognitiva, estos datos le darán sentido a nuestras acciones de enseñanza y podremos pensar en aprendizaje personalizado, colaborativo, en técnicas de optimización y cualquier mejora que se nos ocurra. Si quiere conocer más sobre el alcance de la IA, lo invito a leer mi entrada: 4 elementos de la Inteligencia Artificial para transformar la Educación Superior. El potencial de la inteligencia artificial para la educación sigue sin explotarse en un 100%, pero podemos ver su evolución en todos los sectores que mencioné anteriormente. Si los resultados son tan buenos, ¿por qué no darle la oportunidad desde una perspectiva educativa? Es precisamente este campo uno de los más beneficiados o así lo cree un grupo de investigadores y académicos que, avalados por la Universidad de Standford, publicaron en septiembre del 2016 el informe Artificial Intelligence and Life in 2030. Según el estudio la realidad virtual, el aprendizaje adaptativo, la analítica del aprendizaje (learning analitycs) y la enseñanza online serán habituales en las aulas en tan solo quince años y puede que, a este paso, mucho antes. (Le interesa: Learning Analytics: el big data al servicio de la Educación Superior). Proyectos como Smart Flower Recognition System, una asociación entre Microsoft Research Asia y la Chinese Academy of Sciences, son un punto de partida interesante. El sistema ayuda a los botánicos de China a reconocer flores, a partir de fotografías que toman con sus smartphones. Los algoritmos filtran e identifican las especies desde una base de datos, con más del 90% de precisión. ¿Se imagina que pudiéramos entregar experiencias similares a nuestros docentes y estudiantes de las nuevas generaciones? Podemos abrir las puertas a las posibilidades que nos entrega la inteligencia artificial, comenzando con códigos abiertos (open source) y librerías de software libre para la computación numérica, tales como OpenAI y TensorFlow de Google. Vamos a aprovechar que la I.A. utiliza y procesa una cantidad enorme de datos, en cuestión de segundos para transformar la educación. ¡Piénselo! Puede resultar bastante provechosa si sabemos utilizarla a nuestro favor. Convirtámosla en nuestro siguiente reto, facilitemos la ejecución de procesos técnicos, repetitivos y mecánicos para enfocarnos en lo que realmente importa: un proceso de enseñanza-aprendizaje de calidad para nuestros estudiantes.

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Títulos universitarios: ¿son los MOOC el fin del monopolio?
Creo que a estas alturas muchos de los que me siguen lo saben: soy un apasionado de la curación de contenidos y también de la educación. Por eso es que tengo esta visión y convicción de querer transformarla, en su más amplio significado y llevarla a otro nivel. Ayudar a las instituciones de educación superior desde mi experiencia, más allá de ser un negocio, se ha convertido en la razón del por qué hago todo esto, de por qué pasé de ser rector a embajador y es que las TIC se han convertido en una herramienta poderosísima para ayudar a profesores, alumnos y personas como yo, a adquirir las destrezas que necesitan para el contexto actual. Esta expansión está creando nuevos retos, interrogantes, temores, necesidades, perfiles, en general todo un contexto permeado por el entorno digital al que necesitamos comenzar a responder ahora. No es cuestión de pensar en el futuro, es el presente, uno en el que intercambiemos conocimiento a través de las redes sociales, uno en el que utilizamos Netflix en lugar de ir a rentar películas e incluso uno en el que rompemos las barreras geográficas cuando recibimos un pedido por Amazon. La tecnología está transformando nuestras vidas en todo el sentido de la palabra y ahora supone un reto para la educación. Millennials y Centennials están sumergidos en esta ola, hace parte de su ADN y el simple hecho de tener un computador en casa o un celular, les entrega la posibilidad de resolver todas sus curiosidades y necesidades, cuando y cómo lo desean. Aunque con el paso del tiempo los gobiernos, las corporaciones y las instituciones se han dado cuenta de que deben destinar recursos e implementar programas que contribuyan con la calidad y pertinencia de la educación, la web ha tomado la delantera, alojando sitios desde los cuales nuestros estudiantes –e incluso nosotros mismos- podemos capacitarnos, adquirir competencias, promover un aprendizaje continuo, al mínimo precio y con todas las facilidades que solo esta ofrece. Hace unos años, imaginarnos haciendo o promoviendo un MOOC era algo distante, sin embargo, los jóvenes que están ingresando a nuestras aulas quieren construir caminos de aprendizaje flexibles y es por eso que los recursos educativos en línea han presentado tan rotundo éxito, además, son ellos quienes están disipando los mitos, temores y tabúes, al adquirir conocimientos y competencias complementarias, a través de ellos. Prueba de lo que digo es su crecimiento acelerado, por lo menos, durante los dos últimos años. De estar en su posición, seguro hubiese temido al momento de presentar mi hoja de vida y en ella mostrar certificaciones de cursos no formales, pero lo cierto es que esto está cambiando y las empresas, más allá de que el curso sea online o presencial, se están interesando por las historias, competencias y logros que estos estudiantes adquirieren a través de esta experiencia de aprendizaje. Mientras investigaba un poco, descubrí que Coursera transformó su término “certificados verificados” y ahora los denomina “cursos verificados”. El cambio surgió para sacarles mayor provecho y que empleadores puedan percibir este tipo de educación con otros ojos, en resumen, de una manera más llamativa. Es más, los cursos de formación online de Google y Udacity, además de contar con ventajas como la flexibilidad horaria y la calidad del contenido, entregan un certificado al finalizar el curso, rompiendo el paradigma de educación en línea con costos adicionales. Por algo, titulares como: “Estudie gratis en Stanford, Harvard y Princeton” o “Google ofrece cursos online gratuitos y con certificados”, puntean en los resultados de búsqueda y son la opción predilecta para los jóvenes de hoy. Sé que hasta ahora esto solo genera incertidumbre, pero déjeme hacerle una pregunta: ¿Usted competiría contra estas corporaciones y universidades o se transformaría y optaría por hacer alianzas? Puede ser difícil responder en este momento, pero lo cierto es que en un futuro la universidad, la que llamo Holoversity, aceptará los créditos provenientes de MOOC (Coursera, Edx, Futurelearn), certificados de formación empresarial o de casas de software (Google, Oracle, Microsoft, Adobe), certificados de plataformas no universitarias (Codeacademy, Udacity, Udemy, Tutellus) y evaluará la experiencia laboral para certificar competencias. Este sin duda es un tema que genera un reto sin precedente y que nos hace pensar: ¿Se acabó el monopolio de los títulos universitarios? ¿Qué pasa con que algo que era exclusivo de la universidad, ya no lo es? ¿Qué sucede cuando start-ups, de muchachos de 20 o 25 años salen al mercado, son más exitosas y entregan más títulos que una universidad? ¿Cuál será el rol que vamos a jugar ahí? Quiero sembrar todos estos interrogantes e, independientemente de lo que dije anteriormente, quiero invitarlo a que reflexione sobre esta situación y usted mismo llegue a la conclusión de si es necesaria o no una transformación de la universidad como la conocemos. ¿Qué va a pasar ahora si las plataformas entregan certificaciones? ¿Qué va a pasar si perdemos ese monopolio de la certificación? ¿Nos vamos a convertir en evaluadores que certifican el conocimiento que nuestros estudiantes adquirieron en otro lugar? Puede que pase, como puede que no, pero de lo que sí estoy completamente seguro es de que la trasformación digital es de personas, de cultura, de entender a nuestros estudiantes e ir a la par de sus necesidades y la tecnología nos puede ayudar.

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Generar experiencias memorables para nuestros alumnos ya no será un problema con API
¿Qué es popular para mis estudiantes, en dónde invierten su tiempo, en qué se detienen y en dónde abandonan? xAPI tiene las respuestas.
El aprendizaje no es un proceso exclusivo del aula, de las instituciones, de las plataformas de e-learning, ni mucho menos de las bibliotecas. Siempre ha ocurrido en todos los contextos y de distintas maneras, solo que ahora lo notamos con más fuerza gracias al auge de las nuevas tecnologías, a la posibilidad que los entornos físicos y virtuales nos entregan. Lo que sí puede decirse que es “exclusivo” de los entornos digitales es la posibilidad de democratizar el conocimiento, de sacarlo de esos entornos físicos, a los que pocos tienen acceso y llevarlo a sitios a través de los cuales puede ser consultado, tratado y difundido de manera abierta. Sabemos que el e-learning no es una tendencia novedosa, de hecho, ya tuvo su época explosiva entre el 2003 y el 2005 con el surgimiento de MOODLE. De ahí en adelante llegaron los MOOC, los dispositivos móviles, el almacenamiento en la nube, la realidad virtual y la inteligencia artificial; todas aplicadas a contextos educativos para atender a las nuevas necesidades del proceso de enseñanza-aprendizaje. Todos los que hemos tenido la oportunidad de estar en contacto directo con las tecnologías de aprendizaje, sabemos que al ritmo en que avanzó esta “diversificación”, también debían hacerlo los estándares. Aunque hoy hablamos de SCORM y HTLM, un nuevo término se está abriendo campo y es el xAPI. ¿X… qué? Aunque muchos relacionan el término, algunos otros no y si es usted apreciado lector es uno de ellos, no se preocupe. Vamos a desarrollar este tema paso a paso, como cuando hacíamos los laboratorios e íbamos capa por capa estudiando a la cebolla, hasta llegar al centro del asunto. Este tema por supuesto no será motivo de lágrimas, más bien cabe resaltar que a través de este estándar podrá generar aprendizaje de tipo social, mediante todas las herramientas existentes en la web. Sin más, comencemos. API para nuevas experiencias Aunque no es necesario que entendamos todos los detalles del código, si es importante entender las posibilidades que esta herramienta nos entrega y cómo encajan en el contexto educativo. xAPI, es una nueva especificación para e-learning que nos posibilita realizar el seguimiento del aprendizaje de nuestros alumnos, de su experiencia, desde una gran variedad de formatos y dispositivos. No sólo hacer un seguimiento de las actividades, tareas o números alcanzados, sino más bien de las competencias, habilidades y logros, así podemos proponer acciones que contribuyan con el crecimiento personal y profesional de nuestras comunidades académicas. Aprendizaje móvil, simulaciones, mundos virtuales, gamificación, actividades del mundo real, aprendizaje experimental, aprendizaje social, aprendizaje offline y aprendizaje colaborativo son solo algunas de las metodologías que se pueden reconocer y comunicar bien con xAPI. ¿Cómo funciona xAPI? ¿Eso con qué se come? Tal como lo mencioné en mi blog sobre Aprendizaje Social, que puede consultar aquí:
Aprendizaje social en un mundo 2.0., nuestro aprendizaje es resultado de la interacción con otras personas sin importar el contexto, pues independientemente de que se den en un café, en una conferencia, en un foro o en un comentario en Facebook, estamos extrayendo información de otros, socializando, retroalimentándonos y construyendo a partir de ello. Todos estos eventos se registran a través de un LRS o Learning Record Store. El LRS es el corazón del xAPI y se encarga de recibir, almacenar y devolver datos sobre las experiencias de aprendizaje, logros y rendimiento. Ahí es en donde está la clave de todo. Aunque es similar al término LMS o Learning Management System, no deben confundirse, aunque sí pueden trabajar en conjunto para optimizar todo el proceso. ¿Cómo se registran estas actividades? A partir de la construcción de 3 conceptos: un sujeto, un verbo y un objeto. Por ejemplo, Andrés ingreso a un curso de IA o Carolina leyó Las 4S's de la Content Curation y, aunque no nos detendremos en este aspecto, esta es la muestra de que es sencillo registrar el aprendizaje de un grupo de actividades tan amplio, como lo propone xAPI. En pocas palabras, es uno de esos productos innovadores y revolucionarios que nos permiten hacer todo aquello que los expertos en EdTech se imaginaban y nos contaron durante años en sus conferencias, pero que no podíamos hacer realidad porque no teníamos las herramientas. Es tan parecido a cuando veíamos las primeras entregas de Star Wars y creíamos que toda esa tecnología que nos presentaban era propia de la ciencia ficción, pero 40 años después los hologramas, los androides, las prótesis robóticas y la realidad aumentada hacen parte de nuestra existencia. Lo mismo está sucediendo con la educación ahora y prueba de ello es el crecimiento de la realidad virtual dentro de las tecnologías educativas. Su impacto es similar, e incluso superior, al que tuvo la llegada del Mobile Learning y todo esto dependerá, nada más y nada menos que de xAPI. (Le interesa: Mobile Learning, un reto latente para la Educación Superior). Parece que xAPI lo logró Aunque SCORM sigue reinando en el mundo de la formación online, xAPI está creciendo y abriéndose paso con fuerza, gracias a que sus ventajas son numerosas. Entre ellas podemos destacar:
  • El aprendizaje se produce en diferentes situaciones, momentos y ritmos, a través de diferentes dispositivos y tecnologías. xAPI permite registrar el resultado de múltiples experiencias de aprendizaje, tanto online como offline e incluso grabar datos de acciones realizadas a través de las redes sociales, juegos, simulaciones, etc.
  • Los datos se recolectan de una forma sencilla y se vuelcan a un LRS (Learning Record Store), que puede estar conectado o no a un LMS.
  • Le ofrece la posibilidad de acceder a los datos para organizarlos y analizarlos, según las situaciones y actividades.
  • Mientras que SCORM ofrece únicamente datos cuantitativos (tiempo, puntuación), xAPI permite dibujar un mapa del recorrido hecho por el estudiante para alcanzar el objetivo.
  • No hay una restricción entre los dominios, puede utilizar aplicaciones móviles y no requiere un navegador específico.
  • A través de xAPI puede promover el aprendizaje adaptativo, combinado, basado en proyectos y a largo plazo, todos fundamentales para la educación de las generaciones actuales.
Aunque parezca que son pocas las ventajas, en realidad a la hora de implementarlo la diferencia es clara y aunque xAPI aún no equipara el nivel de penetración de SCORM, la educación en línea está trabajando en este nuevo estándar y es momento de que lo considere para su universidad. Está en sus inicios, sí, pero crecerá y se convertirá en el nuevo equivalente de Facebook, Apple o Uber para la educación superior. El aprendizaje informal y la adquisición de insignias digitales está en furor, especialmente entre la generación centennial y el xAPI será una herramienta poderosa para mitigar su temor: validar este aprendizaje y fortalecer las competencias que se dan fuera de los ambientes LMS. Es un reto, pero al tiempo una oportunidad de convertirnos en líderes de la transformación digital universitaria… Piénselo…

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